Vino y comida

La comida y el vino interactúan entre si, modificando sus efectos. Se potencian el uno al otro, es como una pareja muy bien avenida. De aquí el término maridaje.

¿Pero que ocurre? Pues lo mismo que en las relaciones personales. Cada persona tiene una sensibilidad distinta y unas preferencias individuales también muy diferentes.
Lo que para unos es la unión perfecta y se complementan el al otro, para otros es una unión poco fructífera. A pesar de este pequeño “lio” hay una serie de factores que si son objetivables y que vamos a describir brevemente:

Comidas dulces

Aumentan la sensación de amargor y de alcohol en el vino. Al beber parece que el vino tenga menos cuerpo*, menos dulzor y menos fruta.

En general lo ideal es que el vino sea mas dulce que el plato.

Sabores «unami»

Sobre este llamado quinto sabor (dulce, salado, ácido y amargo) hablaremos con detalle en otra ocasión. Baste decir que es lo mas parecido a probar un champiñón crudo cocido al microondas treinta segundos.
En general este sabor “endurece el vino”, lo desequilibra y puede hacerlo amargo.

Acidez en la comida

Hace que el vino parezca menos ácido* y que sin embargo parezca con más cuerpo, mas afrutado y dulce. Así que ya vemos que es una buena unión.

La sal en la comida

Aumenta la sensación de fruta del vino y lo hace menos astringente*. En general la sal se lleva bien con el vino.

El picante

Ya sabemos que aquí la sensación de cada cual varia muchísimo y lo que para unos es insoportable, para otros es un picor agradable.

No obstante el vino parece más amargo, más ardiente, más astringente y más ácido. El alcohol aún aumenta más la sensación picante. En fin, difícil.

Así que volviendo a la idea inicial buscar la «pareja perfecta» es complicado. Se han escrito multitud de libros, artículos, ensayos, algunos muy bien documentados, pero hablamos de sensaciones con lo que en mi opinión solo se pueden dar consejos orientativos y lo demás al gusto de cada cual.

Ya sabéis, sobre sabores como sobre colores.

Cuanto mas complejo es el vino más complicado es armonizarlo con la comida aunque si se consigue, el resultado es espectacular.

Por el contrario, cuanto mas sencillo es el vino mas fácil es armonizarlo con la comida pero, claro, el resultado es menos interesante.

Como en las parejas, que cada uno elija su opción. ¿Parejas por afinidades o por contrastes? ¿Fáciles o
complicadas…..?

No obstante y para que tampoco penséis que no existe el «amor verdadero», si que hay casos de maridajes “, que a la mayoría de las personas les gusta.

Y aquí os expongo algunos:

Maridajes clásicos

  • El champagne o el Albariño y las ostras, con su sabor unami, que es respetado por el sabor ácido y delicado del Champagne.
  • Queso de cabra y vino de la variedad Sancerre.
  • Foie gras con vino dulce de la variedad Sauternes.
  • Caza, carnes rojas, queso con vino de Bobal.
  • Aceitunas con Manzanilla.

Y si no os gusta algún de estos maridajes pues tampoco os preocupe porque ¡el que manda es el gusto!

Comida y vino